Crear matones y cómplices

Noticias aparecidas en la prensa sobre acoso escolar o bullying.

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Crear matones y cómplices

Notapor NAVARRA » 09 Dic 2004, 21:43

Os transcribo un EXPLÉNDIDO artículo de Rosa Regás
Úriz

Crear matones y cómplices
Rosa Regás

El suicidio de Jokin destapa la pérdida de conciencia educadora de padres y maestros.

La noticia de que el pasado 21 de septiembre se suicidó un adolescente 14 años en Hondarribia es de por sí escalofriante. Pero lo es más aún cuando se conocen los motivos que lo han llevado a quitarse la vida: la supuesta presión y marginación de que ha sido objeto por parte de los compañeros de instituto. "¡Ya se sabía!" Esta frase escrita en las tarjetas que acompañaban los ramos de flores amontonados ante el muro desde el que se había lanzado ratificaba el calvario en el que había vivido Jokin. La habían escrito algunos de sus compañeros que debían conocer la tragedia que se cernía sobre su amigo, pero que como él callaron amedrentados por la prepotencia y el poder de los ocho muchachos acusados.
JOKIN vivió una historia en la vida escolar que no les gustó a los matones y que les llevó a acusarlo de chivato y a propinarle tres palizas en los días anteriores al suicidio, palizas que fueron confirmadas en la autopsia, y una serie de vejaciones a las que, según ciertos medios, se sumó una profesora. No se ha demostrado pero lo que sí se sabe es que la clase entera conocía la situación. Y si la clase entera la conocía lo lógico es que los maestros la conocieran también, pero tanto si la conocían y no hicieron nada por evitarlo como si no la conocían, claro está que algo fallaba en esta escuela, en este sistema de docencia.

¿En qué brutal desesperanza y abandono se encontraba Jokin que ni siquiera se atrevió a acusar, a pedir ayuda, ni al parecer a hablarlo con nadie? No es difícil imaginar la situación de una clase dominada por esos malvados y poderosos gamberros que le encuentran placer a torturar física y psicológicamente a quien les parece más débil, y más placer aún en sentirse poderosos frente a los alumnos e inmunes frente al profesorado. Y sin embargo éste no es un hecho aislado, y nos dice mucho sobre la sociedad en que vivimos. Porque si bien los chicos son responsables del suicidio y culpables de su comportamiento, también es cierto que son los frutos directos de una sociedad extraordinariamente permisiva con los niños desde el mismo momento en que nacen.

Un niño hoy es el rey absoluto del hogar haga lo que haga, rompa lo que rompa, chille lo que chille, y a medida que va creciendo aumenta su prepotencia cada vez más convencido de que no hay límite para sus caprichos. El niño así se convierte en un adolescente adusto y maleducado en familia y matón y maleducado en la escuela.
Se dice que estos niños reciben poca atención de la familia y tienen lazos afectivos débiles; y se ha dicho también que no han sido educados en valores morales sólidos. Lo que se ha perdido, creo yo, es la conciencia de padres y educadores de que la educación y la formación consisten en enseñar al niño a que poco a poco forme su criterio sobre las cosas, vaya elaborando respeto por los demás, y adquiera conocimiento de lo que es la libertad que irá practicando más y más a medida que crezca. Sin embargo el reinado de un niño que ha crecido rodeado de todos los caprichos que sus padres se pueden y no se pueden permitir, no es un reinado feliz, sino un reinado en el que el niño al que nada le sacia y sólo ejerce el poder que ha adquirido desde la cuna. Frente a él y a su voluntad ni padres ni maestros osan oponerse.
ANTE ESTA situación los padres se enfrentan a los maestros acusándolos de débiles y los maestros no tienen respuesta porque bastante tienen con soportar las gamberradas de estos matones imparables que crean en su entorno un grupo de adictos cuyo silencio exigen ante los actos de salvajismo. De ahí que la violencia a la que se dedican como grupo haya alcanzado en ciertas escuelas unos límites absolutamente inquietantes. Mofas, burlas, palizas, a veces no compartidas, son sistemáticamente ocultadas y silenciadas de tal forma que la violencia no hace sino crecer y la lucha contra ella se demuestra imposible.

¿Por qué callan los demás niños? Primero, nadie les ha enseñado que el silencio es cómplice, es decir, que el que calla ante una agresión es coautor de la misma; segundo, los chicos tienen miedo a pasar por chivatos y sufrir las represalias del grupo, y tercero, viven en un mundo en el que un niño, un muchacho que no sea un "machote" es digno de las mayores burlas y afrentas. ¿No es acaso así el mundo de los mayores y del que ven en la televisión? Es de "niñas", les vienen a decir unos y otros, no resistir, no solidarizarse con el culpable, no aguantar los posibles golpes de remordimiento y emoción que puedan provocarle las torturas al débil de la clase.

Los padres, que tan poco atentos están al comportamiento violento de sus hijos achacándolo a "cosas de la adolescencia" que siempre han ocurrido y siempre ocurrirán, no saben que un adolescente violento será una persona violenta, y un adolescente incapaz de denunciar tampoco sabrá hacerlo cuando sea mayor. Es más, el adolescente que ha sido vejado y torturado, o bien se retira del ruedo porque no lo puede resistir y se suicida --hay muchas formas de suicidio-- o se convierte a su vez en un torturador violento. Y ninguno de ellos, esté del lado que esté y presuma de lo que presuma, escapa a una de las causas mayores de infelicidad y de conflictos del comportamiento: la falta de autoestima. La violencia nace en muchos casos de ella, y la vejación y marginación la crean.

El fenómeno es creciente y alarmante. Según estudios recientes, el 48% de los escolares españoles entre 9 y 14 años ha padecido o padece violencia por parte de uno o varios compañeros. Más de la mitad sufre acoso psicológico y un 18% también físico incluso con arma blanca y el 2,5% mediante abusos sexuales.

Pero los padres no nos damos cuenta de lo que ocurre o no queremos darnos cuenta o pensamos que no haciendo caso de las quejas, heridas o moratones que los niños muestran o se les descubre cuando llegan a casa, los educamos en la fortaleza frente a los matones que de todos modos los encontrará el niño durante toda su vida. Mientras tanto los maestros, amedrentados también por unos chicos violentos que tienen el apoyo de los padres, callan. Por supuesto que no todos lo hacen, pero sí los suficientes, padres, alumnos y maestros, como para que consideremos que nos encontramos frente a un problema gravísimo que además, va en aumento.
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El menor agresor tiene una mentalidad maquiavélica

Notapor Atxo » 15 Dic 2004, 00:34

Así es desgraciadamente.

En otros foros ha salido esta frase, creo recordar que de la especialista Rosario Ortega:

"El niño acosador tiene una mentalidad maquiavélica".

Mientras consideremos que el bullying es cosa de niños..., que siempre ha existido..., mientras miremos con conmiseración al agredido, y con cierta simpatía interior al agresor nunca cambiará nada...
Como todo cáncer diagnosticado precozmente, si el instinto agresor de un niño se detecta a tiempo y no se le hace el juego, podrá tener curación y no ir A MÁS. Como ocurre con los niños disléxicos. Es en la 1ª infancia cuando hay que poner remedio. Luego, a los 12, 14 años son casos de muy difícil solución y enderazamiento.

El niño agresor irá a más. Y no me refiero a reprimir la sana agresividad natural, que como energía humana, hemos de saber encauzar en bien de la asertividad y autoestima personal. Sino del incipiente bravucón y matón. Ahí, cuando empieza a despuntar es donde hay que poner un plan y programas de reeducación. Alos 12, 14 y menos 18 años ya ha tomado una orientación predelictiva y, desgraciadamente, casi irreversible.
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Tiene razón.

Notapor Invitado » 15 Dic 2004, 21:07

Rosario Ortega, tiene toda la razón del mundo..¿pero a quien corresponde evitar eso? ¿y si a los que correspnoden lo lo evitan? ¿qué hacemos?
NO SOLO son los niños acosadores, también los qu epermiten el ACOSO, y no solo en la adolescencia desde P-4 ya se vé el perfil de un acosador en potencia, parenles Uds. los pies entonces y parenselos bien, eso nos dará como resultado una convivencia mejor y de más calidad en cursos superiores.
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